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TROPIQUEER consolida a Motril como territorio literario de diversidad, libertad y palabra

Motril, julio de 2026

Motril se ha dejado transformar por un gran acontecimiento que ha llegado para anidar en nuestra ciudad: el Encuentro Nacional de Literatura LGBTIQA+.

Durante esta primera edición de TROPIQUEER, el Patio de los Ingenios ha sido mucho más que un escenario cultural. Ha sido una plaza de palabras. Un lugar de escucha, un refugio levantado con libros, un espacio donde autores, lectores y visitantes se han reunido para compartir algo tan sencillo y tan extraordinario como historias.

Entre la luz lenta de las tardes de la Costa Tropical y el rumor constante del verano junto al mar, la literatura ha ocupado el lugar que mejor sabe habitar: el de los afectos. Porque, al final, los libros siempre hablan de eso: de quiénes somos, de quiénes hemos amado, de las heridas que conservamos, de las preguntas que todavía seguimos intentando responder. Y precisamente de todo eso se ha hablado durante estos días.

Bajo el lema «Escribir sin etiquetas, leer con libertad», TROPIQUEER ha nacido con una identidad clara y con una vocación que desborda con mucho la mera programación cultural. No ha sido una sucesión de actos. Ha sido una experiencia compartida. Una celebración de la literatura como espacio de encuentro, de la diversidad como riqueza y de la cultura como una forma concreta, viva y necesaria de convivencia.

Desde el primer momento quedó claro que no se trataba de una iniciativa circunstancial. En una comunidad autónoma donde no existía hasta ahora un encuentro literario de estas características, TROPIQUEER ha situado a Motril, a Granada y a Andalucía en un lugar singular dentro del mapa nacional de la literatura LGBTIQA+. Y lo ha hecho desde un territorio especialmente simbólico: la Costa Tropical, tierra de puertos, de llegadas y despedidas, de mezcla y de horizontes abiertos. Un lugar que parece entender especialmente bien aquello que la literatura lleva siglos enseñándonos: que toda riqueza verdadera nace del encuentro.

Uno de los éxitos de este festival ha sido el gran respaldo que ha tenido por parte de las instituciones como el Ayuntamiento de Motril, la Autoridad Portuaria de Motril, la Junta de Andalucía, la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical y AMODI, la Asociación Motril Diverso, que ha permitido que el proyecto se haya podido organizar con solidez y seguridad, así como también mirando al futuro de próximas ediciones.

Pero si esta primera edición ha dejado una huella tan especial, ha sido también por la respuesta del público.

Porque quienes acudieron a las distintas sesiones no llegaron únicamente para asistir a presentaciones de libros. Llegaron para escuchar, para conversar, para emocionarse, para preguntarse, para encontrarse.

Y eso podía percibirse en cada sesión. En los silencios atentos. En las preguntas compartidas. En los aplausos que se prolongaban más de lo previsto. En esa sensación difícil de describir que aparece cuando una comunidad descubre que necesitaba un espacio incluso antes de saber que existía.

Durante estos días se habló de memoria y de deseo, de identidad y de lenguaje, de amor y de pérdida, de imaginación, justicia y resistencia. Y en cada encuentro quedó la impresión de que existe una necesidad real de lugares así, donde la literatura no se contempla a distancia, sino que se comparte de verdad, con la cercanía de una conversación y la intensidad de aquello que importa.

La programación reunió voces muy diversas y complementarias: Juan José Cuenca, Fex Maldonado, Sara Martínez Navarro, Nuria Ortega Riba, Manuel Fernández de la Vega, Antonio Martín Piñero, Acerina Cruz Suárez, Carla Friebe y el equipo de La Revística.

Cada encuentro fue diferente. Cada voz tenía su propia música, su propio paisaje, su propia manera de nombrar el mundo.

Pero todas parecían formar parte de una misma conversación: la conversación interminable que la literatura mantiene con la experiencia humana.

Porque uno de los mayores logros de TROPIQUEER ha sido demostrar que la literatura LGBTIQA+ no constituye un compartimento separado del resto de la creación literaria. Es, sencillamente, literatura que ama que recuerda, que imagina, que duda, que resiste, que sueña. Como toda la buena literatura.

Mención especial merece también el trabajo desarrollado por Jesús Ortiz como presentador y conductor de los encuentros. Su manera de acompañar a autores y autoras, de contextualizar sus obras y de abrir espacios de diálogo con el público aportó al festival continuidad, calidez y sensibilidad literaria. Gracias a su escucha atenta y a su capacidad para convertir cada presentación en una conversación auténtica, los encuentros adquirieron una dimensión especialmente cercana, humana y participativa.

A lo largo de sus jornadas, TROPIQUEER ha demostrado además que hablar de literatura LGBTIQA+ no significa encerrar la creación dentro de una categoría. Significa exactamente lo contrario: ampliar el campo de lo posible. Poesía, narrativa, cómic y pensamiento crítico convivieron en una programación que reivindicó la diversidad no como una nota al margen, sino como una de las corrientes más vivas de la cultura contemporánea.

Para Motril, esta primera edición supone un paso importante en su proyección cultural. La ciudad no solo ha sido sede de un festival. Ha sido anfitriona de una idea. Ha demostrado que puede impulsar una propuesta propia, contemporánea y con vocación nacional. Para Granada, TROPIQUEER incorpora una nueva plataforma de prestigio vinculada a la creación literaria. Y para Andalucía representa ya un hito cultural: el nacimiento de un espacio único dedicado a la literatura LGBTIQA+, con arraigo local y mirada abierta al conjunto del país.

Cuando concluyó la última jornada del festival y comenzaron las despedidas, quedó flotando una sensación difícil de resumir en cifras, fotografías o programas de actividades. La sensación de haber asistido al nacimiento de algo necesario. Porque TROPIQUEER ha reunido autores, lectores, instituciones y entidades colaboradoras, pero ha reunido también algo más importante: conversaciones, escuchas, miradas, complicidades.

Ha recordado que la cultura no es un lujo que adorna la vida. Es una de las formas que tenemos de comprenderla. Y ha demostrado que la diversidad no es un tema añadido a la literatura, sino una de las maneras más profundas de mantenerla viva.

Durante unos días, Motril se convirtió en una ciudad atravesada por las palabras.

Y las palabras hicieron lo que mejor saben hacer: tender puentes, abrir ventanas, crear comunidad.

Quizá ese sea el verdadero logro de esta primera edición: haber construido, junto al mar, una casa donde siempre cabe alguien más.

TROPIQUEER no ha terminado.

Acaba de empezar.

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